Subcomunicación: el Arte de subir puntos con ellas en segundos

"For the moment..." (2019), @__benwolf

Subcomunicación:
el Arte de subir puntos con ellas en segundos

9 minutos   ●   por Pablo

Viernes por la noche. Pongamos que hablo de Madrid.


(Imagina que la pantalla en tu mente se parte en dos)



A la izquierda está Carlos y a la derecha Antonio. Son gemelos.


Esta noche no salen juntos. Pero se visten parecido y llevan el mismo corte de pelo.


Los dos están en un bar con amigos.



(Nosotros los vemos, pero ellos no pueden vernos)



Ven a una chica cada uno. Ambas están igual de contentas de estar ahí. Son igual de guapas e igual de solteras, y tienen las mismas ganas de machacar conocer gente.


Tienen hasta el mismo mapa astral, por si quieres afinar.


Carlos va y le dice algo a una. Antonio va y le dice exactamente lo mismo a la otra.


Carlos ya está de risas con ella. A Antonio le han invitado a abandonar el círculo de una manera tan clara que, desconcertado, se le han bajado las birras a los tobillos.



(Nosotros, medio metro detrás, los miramos sorprendidos)



¿Qué ha pasado aquí? 


¿Qué ha hecho uno que no ha hecho el otro, si acaban de decir lo mismo?


¿Qué controla el cabrón de Carlos que no le ha contado a su hermano gemelo*?


*Muy unidos y mucho rollo de “cuando él se pone malo a mí también me duele” pero sólo moja el churro uno. Carlos, MAL. Abundancia Carlos, ¿o es qué no escuchas a los gurús?.




La Subcomunicación.


La subcomunicación es la información que das sobre ti, tus intenciones y tu valor como persona, mientras pronuncias -o no- palabras que no tienen nada que ver con esa información.



Es lo que la gente sobreentiende de ti, sin necesidad de que tú lo digas explícitamente.



¿Te suena el clásico: “no es lo que has dicho, es que lo has dicho como si…[inserta drama aquí]?


Pues es algo de eso.


No es lo que dices, sino las intenciones detrás de lo que lo dices.



Las tías todavía son las reinas de esto. Y como probablemente ni tú ni yo veremos cambiar este asunto, presta atención.




La subcomunicación es la razón del clásico: “tía, no le contestes enseguida, hazte la interesante tía”.



Si el mundo fuera un campo de nabos, este artículo no tendría mucho sentido, la verdad. Pero si quieres entender a tus vecinas, que te valoren y pasar un buen rato conectando con ellas y todo el tralará, tengo una buena y una mala noticia. 


La mala es que a ellas -y más al principio- lo que dices les da prácticamente igual. Sólo escuchan tus intenciones, por lo que tendrás que aprender esto.


La buena es que al final del artículo lo vas a tener más claro que el agua.



“Macho, ponme un ejemplo con más sustancia.”



Mejor un contraejemplo.




Las primeras citas de un amigo.


(No, ese amigo no soy yo. Pero gracias por la confianza)


Como decía, tengo un amigo. El tío es guapo, alto, simpático y le va muy bien. Un crack. Él no es muy fan de las relaciones estables y esto lo convierte en un primercitador en serie.


Siempre que le pregunto dónde va con estas chicas, su respuesta es:



“La invité a la Brasserie de Montbenon.” 


 

Si crees que el nombre ya tiene un toque chic, mira la foto.



Por si pasáis por Lausanne, os lo recomiendo. No es -tan- caro.



“¿Qué tiene que ver todo esto con la subcomunicación?”–me dirás.



Todo.



El invitar a las primeras de cambio a una chica que no conoces de nada y que no ha invertido -hasta la fecha- nada en ti a una cena en un lugar como el de la foto para impresionarla y contrarrestar tus inseguridades, tiene varias implicaciones.



Lo que LE subcomunicas a ella:

❶ Necesito llevarte al mejor lugar para anotarme un tanto con el escenario*.
❷ Voy a darlo todo porque no puedo permitirme que esto vaya mal.
❸ No te conozco, pero te invito a cenar a un sitio espectacular.

(Y lo más importante)

Lo que LE dices a tu subconsciente:

❶ No creo que yo sea suficiente tal y como soy e invierto en cosas externas.
❷ Vivo en escasez de oportunidades.
❸ Independientemente de quién sea ella, la elijo.


Ojo. Con esto no estoy diciendo que no se pueda hacer eso y que la vayas a cagar. Quizá mi amigo le demostró quién es antes, y él la lleva a ese restaurante porque a él le gusta. El lugar al final es solo eso, un lugar. El partido se juega luego.

¿Que todo eso puede salir bien? Por supuesto que sí.

A ella puedes gustarle especialmente ya. O a lo largo de la cena. Quizá -me extraña, más en una ciudad- nunca nadie ha tenido un gesto así y lo aprecia. Quizá resulta que valora mucho la seriedad** o la caballerosidad.

Quizá a la chica le da igual porque quiere echar un casquete sin más.



Hay mil razones.  



Pero si ella también ha estado en varias primeras citas, aún no se siente conectada a ti y tiene opciones, pensaría:

“¿No nos conocemos y ya me trae aquí?”

E inconscientemente sabría:

“Si ya tengo este trato sin abrir la boca, ¿para qué voy a esforzarme en ganármelo? Ya está hecho. Cero emoción.”

Y si esa chica valora lo que ella tiene dentro para ofrecer, puede que llegue a la triste conclusión de:

“Igual solo le gusta lo que represento físicamente, porque aún no sabe ni quién soy y ya estamos aquí.”


En definitiva:


“Quiere impresionarme solo porque soy guapa, como todos los demás***.”


(Seguido de un ataque de pereza).


*Y hasta puede sentirse en deuda contigo.

** Pero lo más importante todavía, ¿valoras tú la seriedad o asumes que ella sí por ser una tía?

*** A no ser que busque validación y piense que su físico es lo único que tiene para ofrecer.





De esta no te libra ni la Macarena.


Viene en el pack por ser tía. Es su mecanismo de filtro. Sin excepciones.


(Sí, la que te gusta a ti también. No, no es especial.) 


Una chica se tiene que hacer un cuadro del valor que tienes lo más rápidamente posible. Es su curro. Sus bebés y su bienestar (en su cerebro primitivo) dependen de ello.



Y hasta que esto suceda, la subcomunicación es lo único que le importa.



¿Has visto la típica escena de CSI*, cuando pasan la luz ultravioleta para ver dónde hay sangre?


Pues te la está pasando por encima para detectar irregularidades. Y aunque tú jures que no te has cargado a nadie... las manchitas de la bañera dicen lo contrario.



Ya que nos ponemos científicos, unos datos para los amantes de los números:


Esto se aplica a ambos sexos y hay pequeñas discrepancias, pero cuando hablas sólo el 7% de lo que comunicas tiene que ver con lo que dices. El 38% corresponde a tu voz y el 55% restante a tu lenguaje corporal. 


Simplificando: 



Técnicamente se la pela 13 veces más lo que dices que cómo lo has dicho.


Y para los que aprecian más las letras que los porcentajes:



"Lo que eres
me distrae de
lo que dices."

–Pedro Salinas 



(“Pedro Salinas” o “Toda tía que puebla este planeta”)



En fin. Que todo esto ha hecho que a nuestro Antonio -el gemelo que no lee este blog- lo crujiera esa desalmada. 



Pero antes de volver a él, lo mejor del artículo.




* Digo CSI porque en los tiempos en los que veía la tele (¿2005?) Grissom era referencia. Y ahora me acabo de sentir un dinosaurio.




Un caso de puro genio.


Hace poco, en el cumple de Ángel, conocí a un chaval que se llamaba Gorka. El tío prometía desde el minuto cero. Cuando dejamos de hablar de tatuajes y de dónde dolían más, pasamos al tema tías.


Hablando sobre ligues y tal, me contó una de las mejores anécdotas que he escuchado de cómo acercarse a desconocidas en la vida.


No te hago esperar:



“Tío, el otro día estaba con 2 amigos y vimos a un grupo de 6 pibas. Le dije a mi colega -que no estaba pillando mucho últimamente- que les dijera algo, pero le daba vergüenza. A mí, la verdad, me la pelaba todo porque ya estaba liado con Alicia*. 


El caso es que dije, “Bueno, pues voy yo”. Me acerqué tranquilamente y les dije:


Chicas, una pregunta: ¿cuándo consideráis vosotras que es el mejor momento para enviar una fotopolla?


De las 6, se descojonaron 5. Y la que se llevó la mano a la boca de horror se acabó liando luego con mi amigo.”



El puto amo.



Y no por el resultado en sí -eso ahora me da igual- sino por todo lo que les subcomunicó en una frase.


Todo lo que les dijo sin decirles:


✓ Pregunto esto porque me da absolutamente igual lo que penséis de mí.

✓ Lógicamente, me da también igual vuestra respuesta.

✓ Tengo suficientes huevos como para arriesgarme a que 6 personas me ridiculicen.

✓ No os trato como bolas puras y celestes de amor asexual.

✓ Soy capaz de entrar desde el minuto cero con un tema comprometido y no voy a preguntarte “¿En qué trabajas?” porque no quiero aburrirme con vosotras.

✓ Lo pregunto a todas, porque si se lo pregunto solo a una puede sentirse juzgada y le pongo la presión delante de sus amigas. La presión me la quedo toda yo, porque la puedo soportar.
✓ Mis intenciones son echarnos una risas y conocernos, no elaborar una estrategia milimétrica para acostarme contigo ni pretender ser quien no soy.



Eso, en mi opinión, es ser un crack.



* Autogenerado. Ni de coña me acuerdo del nombre.




Acabemos con los gemelos.


Ya sabemos que Carlos y Antonio, diciendo lo mismo, no comunicaron lo mismo en un 93%.


Puede que mientras Carlos comunicara que ir a hablar con alguien es normal para él, Antonio sintiera que la situación era rara.


Y la convirtiera en rara.


Puede que a Carlos le diera igual el resultado porque sabe que ella no es nadie para juzgarle y Antonio, por no soportar el rechazo, se centró más en que no lo mandaran a la mierda que en disfrutar. 


Y por eso lo mandaron a la mierda.


Puede que a Carlos los nervios no lo pusieran a hacer movimientos raros y a ella le pareciera atractiva su seguridad. Puede que a Antonio sí.


Y creara una situación incómoda.



Pudieron ser muchas cosas.



“Yo... aún no estoy ahí. Si aplico esto ¿no es fingir un valor que aún no siento que tengo?”


Que no sientas que tienes algo no significa que no lo tengas. Significa que, por circunstancias de la vida, te cuesta verlo.


Y si te cuesta verlo te cuesta comunicarlo.


Por supuesto, no hay nadie que no tenga valor o nada que aportar. Lo que sí hay son personas menos conectadas con su valor que otras.



Y esto no tiene que ver tanto con tu valor como con la manera en que lo presentas.



Siempre hay una historia con un Ferrari y una moraleja...


...que lo soluciona todo. Y este caso no iba a ser diferente.
 

Un día toca al telefonillo un desconocido y te pide que bajes.
 

Te dice que mira, que le has caído bien y que te regala su Ferrari.

Que toma las llaves, que es tuyo.


Y tú -si tus padres no son primos- pensarías:

¿Este tío pone a mi disposición todo esto sin más? Esto es raro.

Esto tiene trampa.



Pues eso.



¿Un Ferrari no tiene valor porque lo regalen?

...

¿Cómo lo trata el dueño refleja su valor?

Nein.



Lo que quiero que te lleves de esto.


Si esto de la subcomunicación te parece muy rebuscado, tranquilo. Cuando lo integras ya ni lo piensas. 


Simplemente, haz el ejercicio de pensar cuáles son las razones o las intenciones que te llevan a hacer o a decir cualquier cosa.

Sé consciente de lo que hay detrás de lo que dices.


Tienes mil ejemplos. Aquí tres:

◼️¿La invito a una copa porque me divierto con ella o porque quiero comprar su tiempo?
◼️¿Le estoy haciendo este favor porque está buena o lo haría por un tío que no conozco?
◼️¿Le hablo de mis proyectos para impresionarla o para compartir con ella lo que soy?


De una respuesta o de otra dependerá lo que acabes comunicando.


Porque es lo que subcomunicas, y no lo que dices, lo que comunica tu valor como persona.




Antes de acabar, una pregunta ...


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