Los Verdaderos Monstruos debajo de tu cama (III)

Los Verdaderos Monstruos debajo de tu cama (III)

14 minutos   ●   por Pablo

Después del Capítulo 1, el Capítulo 2 y este, os prometo (a vosotros y a mí) que volveré a hablar de cosas un pelín menos densas, porque me estalla la almendra menudo trip gratuito me estoy pegando con esta serie.

Pero bueno, lo que se empieza se acaba.


¿Por dónde íbamos?


✅ Miedo a ir con todo y que no sea suficiente.
✅ No querer ser el puto amo.
✅ La Diplomacia.
✅ Esperar a ser suficientemente bueno, o perfecto.
🔒 ​Ahhhhhh…
🔒 Ahhhhhhhhhhhhhhh…


Va, ya paro de vacilarte.
 

Los Monstruos de hoy están agrupados por una razón: ambos tienen que ver con lo que haces -o más bien con lo que no haces- cuándo se te presenta la posibilidad de vivir algo que quieres vivir. Algo por lo que trabajas. Algo que justifica y da sentido a tus esfuerzos y que hace que al final todo merezca la pena.


Todo esto suena de p**a madre, si no fuera porque igual te da por...


5. Pensar que no te mereces lo que quieres.


O la receta para no disfrutar de lo bueno que te pasa y dedicarte a gestionar mierda hasta que palmes. Mientras te quejas de todo, claro.

Esto da para un curso entero. Y si lo juntas con la falta de autenticidad y de empatía, que Dios te coja confesado. Porque menudo coctel molotov social.

No soy terapeuta, pero me lo han contado varios pajaritos*. Cuando de crío has tenido periodos “largos” (las horas con 5 años son interminables) sin demostraciones de cariño de tus padres o directamente sin ellos, puede que acabes sintiendo esto.

Rápidamente. Cuando somos pequeños, vemos el mundo de manera egocéntrica.

(No, no es que nos lo tengamos creído)

Simplemente pensamos que todo lo que nos sucede y sucede alrededor nuestro tiene que ver con cómo nos comportamos nosotros. 

Es decir, pensamos que tenemos B porque hicimos A. 

Si hubiéramos hecho C, tendríamos D.

Voy a ser un poco más específico. Si nuestros padres nos atienden y nos demuestran amor, es porque somos buenos y nos portamos bien. Si no lo hacen, es porque somos malos. Si lo último se alarga en el tiempo, entonces llegamos a la conclusión de que si no nos dan cariño o atención es porque no nos lo merecemos.

Y es ahí dónde no sabemos entender lo que hoy nos resulta evidente:


Que en ningún momento dependía de nosotros.

Que ellos no estaban disponibles.

Que era circunstancial.




Quizá tu padre estaba estresado porque su trabajo se lo estaba comiendo vivo o perdido porque no sabía cómo tirar del carro. Quizá tu madre se sentía incomprendida o poco apoyada, y la responsabilidad de tener un trabajo a tiempo completo y de hacerse cargo de ti la desbordaba. Quizá ni siquiera les iba bien, o tú no los veías mucho.

Igual te llevaste el pack completo.


Y por muy bien que te lo disimularan, a ti te pilló en medio de la tormenta.


Muchas veces eran comentarios tontos que nos desconciertan de crío: “¿Es que no ves todo lo que trabajo para pagar esto?”. No, no estoy contigo en la oficina. “¿No entiendes que el dinero no cae del cielo?”. No, tengo 6 años. No es mi p**o problema**.

No es que no tuvieran razón. Por supuesto que la tenían. Simplemente no estaban en el mismo plano de comprensión que tú, y querían expresarte su propia frustración. El querer hacerte ver con lógica algo que aún no te toca ver les producía impotencia. 

A ti también te la produciría. 

Y claro, tú igual los detalles de la nómina no los entendías, pero la letra pequeña de tu contrato emocional con ellos sí la pillaste:


Tenías a dos personas haciendo algo duro por ti. O eso te parecía.


Como decía, tu interpretación sí fue acertada en un punto: tus padres te echaban en cara inconscientemente lo que les costaba que existieras. Y eso, cuando tu vida depende de ellos, te genera una deuda automática con alguien a quién no le has pedido estar aquí.


Aquí empieza la famosa mentalidad de pobre. La primera piedra del sentimiento de “esto no me lo merezco”.


Es como si de golpe un amigo te dice que en realidad ha estado trabajando para ti todo este tiempo sin pedirte permiso, te ha invertido 5.000€ y ahora te lo recrimina.

“¿Hola? Pero ¿quién te ha pedido a ti nada?¿por qué lo has hecho?” –le preguntarías.

Pues eso. Sólo que de crío no te pones tan gallito. De crío es peor porque no tienes ni la madurez para procesarlo ni la opción de pagar.

Ni la opción de nada, en realidad.

Y comer, tienes que comer. 


Imagínalo por un momento. Sabes que dependes de los favores de alguien y no tienes ni los medios ni la comprensión de la realidad necesaria para generar algo por ti mismo que equilibre esa deuda.

Es impotencia pura. 

Y es tremendamente jodido ser dependiente. Tengas la edad que tengas.


Pero lo más jodido es que esta sensación no se olvida cuando pegas el estirón. Creces con ella.



* Uno de ellos, el Dr. Robert Glover, en su mítico libro “No more Mr. Nice guy”, al que volveremos.

** En realidad esto ni lo decimos ni lo sentimos. No porque no pudiéramos decir palabrotas, sino porque como lo único que quiere un niño es que sus padres le quieran, los problemas de sus padres sí son sus problemas.





¿Cómo te afecta con tus ligues?



No vas a estar con nadie que no pienses que te mereces, porque o no sucederá o si lo hace lo acabarán jodiendo tus inseguridades.

True story.

Dicho esto, un ejemplo de manual radicalizado para la causa:


Diego*. Un tío sano, responsable y con valores que se cuida, lee, se ha roto el culo a estudiar o ha emprendido y se lo ha dejado todo por construir un futuro mejor para él y para su familia -si un día la tuviera-, se cruza con una chica guapa. Llamémosla Adriana**.

Sí, sí. Podría ser al contrario. Podría ser Ana quién ve a Jorge.

Pero vamos a hacer el ejemplo con Diego. El chico se marca un buen sherlock y la busca por Instagram. Con los filtros, mucho más guapa. Con la cámara a 45º respecto de la horizontal, el escote mucho más grande. Añade una con morritos y otra con bikini de tanga en una playa de Tailandia y a nuestro amigo ya le han explotado las cabezas.


Y claro, se siente disminuido. 


Y puede afrontar esto de dos maneras:

☝🏼 Negación destructiva: “Pfff.. si total, menuda guarra”
✌🏼 Aceptación creativa: “Tengo los huevos de corbata”


Vamos a confiar en nuestro amigo y a decir que ha elegido la segunda:


Diego piensa que no se la merece.


Piensa que no se merece a una cría cuyo único mérito visible -hasta que se demuestre lo contrario- es hacerse fotos a sí misma y tener una pasión por “viajar”, que -hasta que se demuestre lo contrario- quizá no sabe hacer la “o” con un canuto y con la que -hasta que se demuestre lo contrario- quizá no se puede hablar de nada de lo que merezca la pena hablar, pero que claro, está que... mejor no te la cruces en una cola en Aqualandia, ya me entiendes.

Y no la conoce. El mundo al revés.

No la conoce pero ya piensa que es mucho para él. Que está fuera de su liga. Que lo que él -o sus ojos- ven tiene más valor que todo lo que él puede ofrecer. 


Juzga su estatus aparente. Juzga lo que él piensa que ella quiere.



Nadie necesita una razón para poner una foto de Adriana Lima. Empatiza con Diego. Siente su dolor.


¿Pensabas que se acababa aquí?

Nah.

En un giro de la historia también de manual, Diego conoce a Luis, el chaval que sale con Adriana. Y resulta que -para sorpresa de nadie- es un chaval normal y corriente.

Ni más gracioso, ni más inteligente, ni más guapo que él.

Un chaval del montón.


Bueno, como he dicho que el ejemplo iba a ser radical, pongamos que a Luis le falta un verano. O que es un tío con Falsa Confianza. El típico notas que va de guay, vamos.


¿Qué susedió


Pues que Luis simplemente piensa que se la merece y actúa en consecuencia. Ni más ni menos. Lo transmite con cada cosa que hace. Se lo cree él y se lo hace creer a ella.

Y que Adriana, que igual tiene sus taritas -porque en todas las casas cuecen habas y en realidad igual con las fotos busca la validación que ella no se da a sí misma- también piensa que se merece a alguien que la trate como Luis (la segunda versión de Luis, el macarra).


Fin de la historia.


Inauguro sección: 

“El Inciso Perroflauta”


(Si eres muy escéptico, te la puedes saltar. Si vas bien de chakras y eso te quiero aquí.)

🍃☮️🍃


A un nivel más profundo, si lo que quieres ahora se alinea con todo lo que eres y con lo que tienes que vivir, entonces te lo mereces ahora. 

(No, no funciona con Adriana Lima, porque tiene que ser real y tal.)

Quién te puso ese deseo en la cabeza*, te lo puso por algo. Y si esperas a cambiar para merecerlo, tu deseo cambiará contigo…

Y el día que sientas que te lo mereces, ya no lo querrás**.


En esencia, no puedes querer algo de verdad que no sea ya parte de ti. No podrías sentir su falta dentro.



“No me buscarías si no me hubieras ya encontrado” –Pascal.



¿A que dan ganas de hacerse un tatoo?



* Pista: no eliges lo que quieres.
** Y paradójicamente, no te lo merecerás.



🍃☮️🍃


En realidad es un poco trágico. “Es que ojalá me pasara esto o lo otro, o conociera a esta persona o a esta otra, o pudiera tener este o este otro estilo de vida”–nos decimos.

Luego de golpe pasa. Tienes delante la posibilidad de algo.

(Imagínate una ventana abriéndose, algo así como muy escenográfico y tal).


Y tú: “No, no, esto no es para mí. La voy a acabar cagando”.


Y acabas pensando que igual…



* Diego es nombre de chaval buena gente. Un tío que se pone jersey con camisa blanca debajo y con un corte de pelo así a lo alemán. Con rollete. Ya no lleva gafas y le quitaron el aparato hace 3 años.
** Adriana es nombre de tía buena. Eso es así. No sé cierto por qué, supongo que por la foto de antes. Es como cuando ves pasar un Mini. Sabes que la que lo conduce está buena. Debe de haber un estudio sobre esto en algún lado.



6. Más vale malo conocido que bueno por conocer.


O la receta para asegurarte de que nunca vas a vivir nada que no hayas vivido ya y que si en algún momento has tenido mierda, en el futuro recibirás el volumen 2, el 3, el 4,...

Esto ni siquiera es un Monstruo particular. Esto es la Condición Humana.

Todos funcionamos así.

Cualquier persona, en cualquier situación, si tiene la posibilidad de hacer algo que pueda cambiar su vida para mejor y no lo hace, no lo hace porque inconscientemente está pensando: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Y quienes lo rompen es porque en algún momento han elegido la otra opción. 


La insegura.


Y el porqué es fácil. A nivel antropológico, a tu cuerpo no le interesa ser feliz o estar a gusto. Eso son problemas del Primer Mundo. A tu cuerpo lo único que le interesa es sobrevivir. El estar satisfecho y disfrutar es un lujo de ricos que -en masa- nos empezamos a permitir a mitades del siglo pasado. Pero tu organismo está diseñado para atajar amenazas de muerte constantes desde hace un chorro de millones de años. 

Es su curro. Aunque hoy ya casi no existan.

Históricamente, quien ha experimentado ha acabado muerto o siendo leyenda. O siendo una leyenda muerta*. Y les han hecho una peli, porque han sido 4 gatos.

Pero como te decía, a tu cuerpo no le interesa ni Hollywood ni experimentar. Eso en todo caso te interesa a ti. Él lo único que quiere es seguir funcionando -aunque sea miserablemente- y lo demás no es su problema.

“Tu quéjate, abúrrete o deprímete, pero respirando”– Tu cuerpo. A ti.



Tu cuerpo interpretado por Juan Lapuerta, un tío tritranquilo.


Sin embargo, hay otras maneras de morir: las muertes del ego. Las muertes de lo que pensamos que somos. El hecho de que algo nos demuestre que ya no somos lo que creíamos ser o éramos**. Y bueno, la noción de lo que somos la construyen las cosas con las que nos sentimos identificados***: nuestros amigos, las cosas que hacemos bien y las que hacemos mal, nuestro equipo de fútbol, nuestro país, aborto sí, aborto no, etc.

A la mayoría de gente no le interesa ver que están equivocados, que su realidad no les está funcionando o que sus relaciones son mediocres porque eso les obligaría a tener que calentarse la cabeza para construir algo que mereciera la pena.


Y qué pereza.


No van a permitirse “morir” para que otra cosa mejor vuelva a nacer en ellos. Más que nada porque no es nada cómodo.

Y el mundo natural es -por definición- ecología y comodidad pura. 


"Gaudí decía que su maestro era el árbol que tenía delante; yo también pienso que nunca podremos hacer una arquitectura mejor que la de un árbol"

–Toyo Ito.  


La naturaleza es la máxima expresión del “mínimo esfuerzo para el máximo beneficio”. No desperdicia energía. Y nosotros, que somos monos trucados, biológicamente no nos escapamos a eso. 

“Dame costumbres”– te dice tu cuerpo. 


Porque la costumbre a él no lo mata. Pero a ti te mata lentamente.


* Spoiler Alert: Supertraaaaaaaaaaaamp.

** Ver la historia de R. en el Capítulo II.
*** Para mí, quién mejor habla de esto es Eckhart Tolle en Una Nueva Tierra”.





¿Cómo te afecta con tus ligues?



Malamente, trá-trá.

“Ya tenemos aquí al agorero”

Joder, es que es verdad. Mi caso, por poner un ejemplo. Quien me conoce -y casi quien no tanto- sabe que no he sido muy fan de tener relaciones con chicas hasta el punto en el que alteren mucho mi día a día o mi vida.

Eso, que en cierto modo puede parecer sano (“elijo yo”, “mi vida es mía” y bla-bla-bla) se puede convertir -si te descuidas- en algo tremendamente limitante. Y te puedes acabar apalancando en un estilo de vida que se llama “mínimo esfuerzo emocional”.

Y un día te das cuenta de que ya no eliges tú.

Elige tu miedo.

Tu miedo a comprometerte y a verte metido dentro de un nuevo pack de problemas (llamados tradicionalmente “berenjenales”) que imaginas y te dices: “ya si eso en 2019..” (y cuando llega 2019 “ya si eso en 2023..”), “pfff...me quedo como estoy”... y derivados.

Aunque en realidad no te quieras quedar como estás. 


Aunque en el fondo sí quieras probar algo nuevo.


Y claro, se te olvida que ese pack de problemas son en realidad compromisos que igual no son para tanto y que al fin y al cabo eliges para vivir algo mejor. O diferente.

Pero Lucifer ya te ha susurrado: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Y tú, que de Jesucristo tienes el colgante, abortas misión. Ya no te dejas llevar. Y te das cuenta de que te vas a quedar con un modo de vida al que te has acostumbrado antes que la posibilidad de algo mejor. Que ojo, igual es una mierda. Pero bueno, si lo es, pues vuelves a lo de antes y todos tan contentos.

Eso es muy bonito en teoría. Pero la práctica es otra cosa.


Para el resto de aplicaciones de esta sección, se me ocurren 3 tentaciones tradicionales y una no tanto:

🔹 Volver con tu ex por nostalgia, aunque no disfrutaseis juntos.
🔹 Seguir con un grupo que no te funciona pero al que te has acostumbrado.
🔹 Seguir en un trabajo que no te divierte pero que te hace sentir seguro*.

🔸 Sólo conocer gente a través de tu círculo social, porque presentarte en frío a desconocidos que te interesan es creepy.


(Y seamos sinceros, es más bonito -y demuestra más carácter- el ir a por quién tú quieres que esperar a que alguien os presente.)




* Yo por ejemplo, he empezado hace unos meses como redactor de contenidos y copywriter. ¿Funcionará? No lo sabemos. Si no, os aviso y montamos un crowdfunding “Un plato de arroz para Pablo”. Eso o me pongo a pasar el aspirador con delantal -solo con delantal- para abuelas suizas que nos entierran en billetes. A riesgo de soportar inocentes pellizcos en los glúteos.



***



Lo que quiero que te lleves de este artículo.


✅ El nivel de la persona que nos atrae es directamente proporcional a lo que nos queremos. Tus parejas han sido el reflejo de lo que tú eres: así que si eran narcisistas, estaban vacías o eran unas manipuladoras… ¿Adivina qué? Ouch. Pues eso.

Estabais en un lugar complementario. Estabas buscando eso.

Lo siento si esta bomba es nueva. 

✅ Me niego a hablar de la “zona de comfort”. Es “La Macarena” del desarrollo personal. Todos estamos hasta los huevos de escucharla. 

Pero tengo un truco.

Cuando quieres algo, la decisión no parece fácil y no sabes si jugártela o no, hay una estrategia fácil y bastante esclarecedora que aprendí de Ángel Alegre (un tío al que aprecio mucho y que es un p**o crack) que consiste en:

1️⃣ Haz una lista de, por ejemplo, 5 cosas malas y 5 buenas que podrían pasarte si lo hicieras.
2️⃣ Estima el porcentaje de probabilidad de que pasen unas y otras.
3️⃣ Pon qué harías para solucionarlo si es malo, y cómo te sentirías si es bueno.


Si haces esto, en un 95% de los casos* habrás autohackeado tu sistema de cagarte en los pantalones -porque nunca es para tanto- y tendrás una visión global de la realidad.

De la realidad. No de lo peor de lo peor de lo peor, que es lo que te presenta tu mente.

Y acabarás haciendo lo que te sale de ahí, o al menos quedándote más cerca.


Acabarás, quizá, dándole una oportunidad al “bueno por conocer”.



The end, bitches.



*Ojímetro del güeno, por supuesto. Cómo me conoces.



 

Antes de acabar, una pregunta ...


¿Te Resulta Difícil encontrar gente que valga la pena?


Eso era antes.

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… tendrás el mejor atajo para diferenciar el grano de la paja en los primeros 15 minutos de conversación, sin tener una bola de cristal o leerle la mente.…

... dejarás de intentar venderte a cualquier precio, para ser el que decide si compra o no, aunque pienses que no estás como para ponerte exquisito.

… sabrás dirigir tus conversaciones a lo que te interesa y ya no te faltarán temas de los que hablar, sin silencios incómodos.


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